Como todo el mundo, no ya en nuestra tierra sinó a escala planetaria, vivimos momentos difíciles, algo que tiempo atrás ni tan siquiera hubiéramos podido imaginar. Epidemia y confinamiento, calles y plazas desiertos, el nuestro, como todos, parece haberse convertido en un pueblo fantasma. Todos en su casa, vecinos, amigos, familia, quedan ahora lejos. Sin embargo algunas mujeres del pueblo se han organizado, comunicándose por teléfono, por whatsap, han iniciado la confección de mascarillas, hoy por hoy un producto muy necesario. Llevan cosidas ya más de un millar, una aportación pequeña pero una labor muy encomiable. Muchas sábanas antiguas que pertenecieron a las abuelas, a las bisabuelas, han encntrado así un digno final.