En el curso de los años hemos tenido ocasión de visitar varias veces París, una ciudad hermosa como pocas. Y quien dice París, dice Notre-Dame y su vecina, la Sainte Chapelle. Pocos monumentos pueden comparárseles, lugares señoreados por el arte, la historia y la espiritualidad que  nos muestran de qué somos capaces los humanos. Ahora Notre-Dame ha sido presa de las llamas. La pérdida no es de Francia, no es de Europa, lo es de todos. Nuestro recuerdo y nuestro homenaje.

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